Muro 61. "La letra con sangre entra" Programa de Arquitectura 1
Muro 61
Programa de Arquitectura 1
“la letra con sangre entra”
Éste es un Muro complejo,
toca con mi profesión, la de mi padre (q.e.p.d), y la de uno de mis hijos. He
guardado silencio en el Programa de Arquitectura por dos razones, el actual
director fue candidato a la rectoría y Yo también. Cualquier posición que tome por
mi parte, se va a ver como política, así sea académica. Sin embargo, las delicadas
circunstancias del Programa obligan a tomar protagonismo, lo contrario, sería
una cobardía que perjudicaría al Programa y a los estudiantes.
La Arquitectura es
un problema de arquitectos, de diseñadores, de
constructores y calculistas, de estetas e historiadores, de teóricos y críticos,
bueno, es un problema de la civilización, de la cultura.
Ya de por sí la
Arquitectura es difícil de entender por nosotros los arquitectos, entonces que
podremos decir de los demás, los que creen que es una profesión de élite,
pa´ricos, para mafiosos, para las grandes empresas y el Estado, y que los
pobres deben resignarse a la fealdad de su pobreza, dado que no tienen con qué
pagar a un arquitecto y menos entenderlo, y no es que muchos ricos lo
entiendan, no, algunos de ellos nos llaman es por chicanería, para decir que
tienen un arquitecto trabajando para ellos, así no entiendan ni papa lo que
hacemos y nos obliguen a aceptar sus
“geniales ideas”, en cada colombiano
habita un arquitectico, un abogadito y un mediquito, en fin, sólo los países
desarrollados entiende bien el trabajo del arquitecto, no tanto por ser ricos, más
bien por ser cultos, y de eso se trata la Arquitectura, de cultura.
Al grano: ¿Por qué
los estudiantes del Programa de Arquitectura no están homogeneizados con el
resto de estudiantes de la Universidad?, y ¿por qué Arquitectura casi siempre actúa
como una isla aparte?, muchos dirán que obedece al hecho de estar separados
físicamente al resto de la Universidad, la mayoría de Programas en el Campus y nosotros
en la ciudadela Colpuertos (Itenalco), de ninguna manera, es porque la Arquitectura
se aprende de otra manera, su
aprendizaje y comprensión es diferente.
La Arquitectura es una ciencia y un arte
al mismo tiempo, a esa definición llegamos después de siglos de discusión entre
los dos conceptos, qué el uno, qué el otro, finalmente los dos, por eso manejamos
la lógica racional de las ciencias y el etéreo velo de la creación, sostenido
por ninfas y nereidas en el mundo de la imaginación, y así, reconciliar los dos
conceptos para obtener una delicada belleza práctica. Con la buena arquitectura,
los humanos pueden vivir dentro de una obra de arte.
No crean que la
incomprensión o comprensión del trabajo de los arquitectos es solo un problema de
desarrollo, riqueza y pobreza, en Colombia llega hasta el cerebro de la
Investigación, veamos: Participé en Bogotá de la génesis del reconocimiento como
trabajo intelectual de la Arquitectura, nos encontramos con un Colciencias dominado
por las teorías de los científicos puros y sociales –“¡los que hacen investigación!”-, éstos, no entendían porque los
arquitectos no tenían “producción intelectual”, “es que ni CvLAC tienen”, “es
que no saben escribir”, “poquísimos los que producen artículos y libros”, “es que solo hacen dibujitos y planos raros
que solamente ellos entienden”, etc., finalmente, unidos a pintores,
escultores y músicos, Colciencias hoy Minciencias, reconoció como producción
intelectual los proyectos Urbanos y Arquitectónicos, sin olvidar artículos y
libros. Bueno, pues ahí ya hay diferencia con el resto de programas de la
institución, un músico, un pintor y un escultor son casi netamente arte, por ende,
requieren otros métodos de aprendizaje, otra pedagogía y otra didáctica, como en
la arquitectura, donde se suman los dos conceptos, ciencia y arte.
No obstante, además
de ver con lo anterior, el asunto del Programa de Arquitectura es sencillo,
es funcional. Está relacionado al hecho de que más del 50% de los estudiantes va perdiendo Diseño y en un semestre pierde el 100%, a esto se suma la pseudo-teoría
de algunos profesores que sostienen que apretar duro en los dos cortes
iniciales de la nota, hacen a los educandos esforzarse tanto al final, que, a
punta de terror por perder la materia, logren con el porcentaje restante,
salvarse…
La letra con sangre
no entra, lo que entra con sangre son otras cosas. El aprendizaje es una poderosa
aventura, no un vil suplicio. A esto se suma otra falacia difundida en el mundo
de los profesores universitarios, los que basan su “prestigio” en el número de cabezas
que hacen rodar, “a poquitos los que
pasan mi materia”, “sí me pasan más
del 50%, en algo estoy fallando…”, “ese
profesor es una cuchilla, un duro, no le pasa nadie…”, sería bueno
preguntarse por qué sus discípulos no pasan[1].
La Universidad del
Valle, como otras Instituciones de calificación superior pueden darse el lujo
de tener en su nómina uno que otro mal docente, eso sí, bien formados,
conocedores cómo ninguno de los temas que dominan, a pesar de ello, ¡malos
profesores! Es común preguntarse entre estudiantes: “Ve, ¿qué tal el profesor?,
-Mmm…, bueno, domina el tema-, O sea, que le entendiste, - ¡No! no le entendí
ni pío, pero… el profe sabe-, y viene la resignación en los estudiantes, que
creen inocentemente que el problema es solo de ellos. Algunos se preguntarán por
aquellos “profesores” sin formación, sin vocación, sin experiencia profesional, sin nada que decir, y además, malos docentes, bueno, esos no son
profesores.
En universidades de
acreditación de alta calidad entra la crema y nata de los estudiantes de
Colombia, y éstos, distinguen pronto un mal profesor, no se ponen a discutir ni
se resignan, se van a la biblioteca, a los libros –el profesor que nunca se
cansa- a subsanar la incapacidad pedagógica del docente, y sí el profesor insiste
sin razón en quebrar a los estudiantes, éstos se encargan de lo suyo en la
evaluación de éste, o se organizan y logran el cambio, siempre habrá directivos
que entienden de didáctica, y, es un cambio que no solo beneficia a los
estudiantes, también al profesor, pues lo obliga en su plan de mejoramiento, a estudiar
Pedagogía[2].
He encontrado durante mi experiencia como docente en 3 universidades (1 privada
y 2 públicas) el desprecio por la pedagogía de parte de la mayoría de
profesores universitarios, “ah… esa
pendejada de maestras de escuela”.
La ciencia es hacer
preguntas y buscar respuestas, y, el arte, buscar la belleza a través de la
estética. Sin embargo, en un mundo trivializado las respuestas encontradas, a
pesar de las evidencias, los hechos y comprobaciones, se imponen la duda, la incertidumbre
sobrevive agarrada de emociones, de discriminación, mitos, tabúes y fe ciega, y ahí, en ese mundo pantanoso de la ignorancia,
la evidencia no alcanza y las explicaciones no bastan, los hechos son
cuestionados por la politiquería en beneficio particular, con el objeto de torcer la verdad y someter
las verdades a su pequeño mundo plano, donde todo lo reducen a blanco y negro,
bueno y malo, a quienes están conmigo y quienes contra mí, y ahí, la educación
no es suficiente. La pedagogía y la didáctica puede ayudar a “conversar” con aquellos
que piensan distinto, con otras ideologías, de otras razas y etnias… ¡ese profesor
no me entiende!, ¡a ese profesor no le entiendo!, o mejor, ¿me hice entender?
“Los problemas de
Arquitectura, son de arquitectura”, por eso hago este Muro 61, aunque algunos
amigos me advierten que con él voy a perder los votos de los profesores de
Arquitectura, ni más faltaba, uno solo pierde lo que tiene, nunca he tenido el
voto de mis colegas –salvo excepciones-, empero, aquí toca desarmarse en favor
de la calidad y de la continuidad del Programa, porque eso es lo que está en
riesgo, los jóvenes cada vez se matriculan menos en él, los niveles de
deserción son altos, los muchachos están abandonando las clases en masa, y, los
profesores como si nada, enjaulados en criterios endogámicos y etnocéntricos, no
pueden ver la realidad.
El incesto curricular, el aplauso maraco, la homogamia escuelera, hacen que se pierda el contraste y la nitidez, dándole paso al desenfoque que hace ver lo que está pasando como de lo más normal, que sumado a la falta de políticas y orientación pedagógica, impide distinguir lo que está sucediendo. El problema no es que algunos profesores lo vean, el problema es que el Ministerio de Educación sí lo ve, y no lo ve con buenos ojos.
El incesto curricular, el aplauso maraco, la homogamia escuelera, hacen que se pierda el contraste y la nitidez, dándole paso al desenfoque que hace ver lo que está pasando como de lo más normal, que sumado a la falta de políticas y orientación pedagógica, impide distinguir lo que está sucediendo. El problema no es que algunos profesores lo vean, el problema es que el Ministerio de Educación sí lo ve, y no lo ve con buenos ojos.
La cosa tiene que
ver con dificultades “estructurales”, nuestras y de la Institución, que se
resuelven entre todos, incluidos los nombrados (de Carrera) y con MinEducación. Dificultades
que se han estado resolviendo como el avestruz, escondiendo la cabeza, pasando
de puntillas, grave. Hay que escuchar voces que no nos gusta, percibir ideas
que no queremos entender, aprender a conversar entre disímiles, reconocer al "otro" y a los "otros".
Los problemas de la Institución no se van a resolver solos o pasando de agache, y, menos con el mismo bailadito, que ya está cansón, aburrido y peligroso…
Por consiguiente, las dificultades del Programa de Arquitectura no se van a resolver alargando este semestre 02-2019 a la fuerza, hasta el 31 de diciembre.
Los problemas de la Institución no se van a resolver solos o pasando de agache, y, menos con el mismo bailadito, que ya está cansón, aburrido y peligroso…
Por consiguiente, las dificultades del Programa de Arquitectura no se van a resolver alargando este semestre 02-2019 a la fuerza, hasta el 31 de diciembre.
Hernán Ordóñez Valverde
Docente
Universidad del Pacífico
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