Muro 53. Se cayó la elección rector 2019-2023 en la Universidad del Pacífico. “Choque de trenes”

"Para mantener encendido el pensamiento"


Buenaventura   01/09/2019

Muro 53

Se cayó la elección rector 2019-2023 en la Universidad del Pacífico

“Choque de trenes”

La Universidad del Pacífico comenzó después de ocho años en manos del rector fundador, una especie de segundo parto, inició en el 2007, tras la muerte de Omar Barona Murillo, con la designación como rectora encargada de María Carmela Quiñones Góngora –su secretaria-, en 2008, Carmela fue designada en propiedad hasta junio de 2011, fecha en que fue designado Florencio Candelo Estacio, por mayoría del CSU (Consejo Superior Universitario), de una terna integrada por: Félix Suárez Reyes –ganador de la consulta- y Daniel Garcés.

En 2012, ocurre el paro de estudiantes, con cancelación de semestre incluida…, y continuó sus retortijones de alumbramiento con la llamada a concurso público de méritos para profesores en el mismo año. En 2013, se incorpora el primer grupo de docentes de carrera, inyección forzada de modernidad que, a regañadientes de los micropoderes y de las estructuras transgresoras asentadas después de la muerte del rector fundador, le hicieron imposibles los cambios necesarios al rector Florencio Candelo, y, terminaron sacándolo por la puerta de atrás.

El rector fundador conocía bien las realidades de la política en Buenaventura, a su gente, y las relaciones de poder en la ciudad…, por eso, el Dr. Barona no soltó el poder. 

Florencio Candelo logró ampliar la base presupuestal con el objeto de sostener una planta de 80 docentes de carrera, y, eliminar el déficit. La carrera docente tenía el objetivo de mejorar la calidad, desestructurar el clientelismo académico y formar Universidad, se repartió en dos concursos de 40 docentes c/u, a pesar de ello, después de seis (6) años, solo cuenta con 17 profesores de planta, las estructuras transgresoras lograron con la permanente inestabilidad, impedir el cubrimiento de las plazas faltantes y frenar el segundo concurso, esperando superar al Ministerio de Educación con el objetivo de “controlar” el ingreso a esas nuevas plazas, mientras, se gastaron la plata adicional para la calidad, y toca en este caso, como dirían en “la vendedora de rosas” ante la pregunta: ¡qué hizo la plata! “me la mecatié en cositas”. Sin embargo, a pesar de ingentes esfuerzos de los micropoderes, no pudieron deslegitimar y sacar a los de carrera.

La historia de la universidad dice que: se ha tenido un (1) rector fundador, Omar Barona Murillo; cuatro rectores en propiedad, Carmela Quiñones –investigada-, Florencio Candelo, Hugo Tovar y Félix Suárez, destituidos; una inacabable interinidad de seis (6) rectores por encargo, Carmela, Lucy Mar, Félix Riascos, Víctor Hugo, Oscar y Dagoberto, consiguiendo un infrecuente promedio de diez (10) rectores en doce (12) años, además, un déficit de 19.200 millones, más del 50% del presupuesto anual; un Plan de mejoramiento que no mejora; cuarenta y dos (42) hallazgos de la Contraloría; cuatro (4) informes desconocidos de los Inspectores in situ, etc., etc.

Y algo, tal vez más grave en todo este intento por capturar el presupuesto, los cargos y la intermediación contractual, es que se ha producido, aparte del deterioro de la calidad, del prestigio, de la pérdida de la confianza y del dañino amiguismo, efectos colaterales como el autismo profesoral en parte del cuerpo docente, algunos de ellos todavía fantasean con un “concurso” de resultados previos, sin saber que todas las ciencias deben trascender el etnocentrismo, se suma el ingreso forzado de docentes que no son docentes, que entran con capacidad ramplona para opinar sobre pedagogía y una pseudo-autoridad para juzgar y evaluar a docentes de verdad, incluso, a dirigir procesos académicos…¿?, en fin, se le agrega a lo anterior, el alzhéimer prematuro en parte del estudiantado, jóvenes que a pesar de las evidencias, no distinguen y no recuerdan, se les olvidó…, tienen, como dirían los ancestros, tapadas las entendederas, no saben dónde están, de dónde vienen y para dónde van, peor, ni les interesa, y aún peor…, no tienen la culpa.

A lo anterior se añaden dos (2) procesos de elección de rector fallidos, el primero, por injerencia de jueces de la ciudad en decisiones del CSU, y, el segundo, el que se acaba de caer por un “choque de trenes”, que dejó atontadas a dos estructuras de poder equivalentes.

No se trata de poner la sociedad al servicio de la universidad, es lo contrario. Los rectores de las universidades públicas se designan, no se eligen como tal, dado que no se está eligiendo al alcalde de la universidad, los rectores son designados por un consejo superior, y éste, debe representar los intereses de la sociedad colombiana.

La Unipacífico es de orden nacional y su CSU se compone, de: un representante del Presidente –la nación-, un representante de la Ministra de Educación –el control nacional-, un representante de la gobernadora –el Departamento del Valle-, un representante de los gremios productivos de Buenaventura –comerciantes e industriales-, un representante de los ex-rectores, un representante elegido por las directivas académicas, un representante elegido por los egresados, un representante elegido por los profesores, un representante elegido por los estudiantes, para un total de 9 miembros, número impar para evitar empates. Como se ve, hay cuatro votos en poder de la comunidad académica, tres del Estado, uno del sector productivo, y, uno de los ex-rectores.

El rector designado debe, utilizando la autonomía universitaria, proteger la institución de intereses indebidos de sectores transgresores de la sociedad, de la política, de la economía, de las sub-culturas, de ideologías y creencias, proteger el conocimiento, la libertad de cátedra y de pensamiento, entre otras. 

El CSU escoge al rector considerando de manera discrecional, la hoja de vida, el PDI, las entrevistas y la consulta, y lo designa de modo colegiado, ahí termina su intervención, o sea que, no escoge las directivas académicas ni administrativas, ni a los profesores, ni a los empleados de base, y tampoco direcciona o re-direcciona la contratación que se haga con el presupuesto, estas son tareas del ejecutivo, o sea, del rector, y, éste último debe rendir cuentas al CSU, a la comunidad universitaria y a la sociedad.

Bueno, compleja la cosa. El reto de quien le toque está baraúnda se asemeja a un director de orquesta, coordinar distintos intereses que componen la Universidad, llevar el ritmo, el compás, la melodía, los acordes y la afinación..., dirigir la universidad y ser su embajador. Menudo lió, no obstante, se ha impuesto la creencia de que el rector debe ser un amigo y cómplice de estudiantes y profesores, al mismo tiempo, socio del CSU y de los administrativos, y patrón de los empleados de base, por eso se piensa ingenuamente que lo que hay que hacer es elegir al rector como a un alcalde amigo, …o como a un cómplice.

Las votaciones de profesores y estudiantes son para una consulta, no es una determinante, obra como una variable a interpretar discrecionalmente por parte del CSU, no son obligación para éste, lo mismo la hoja de vida y el plan de desarrollo institucional PDI, éstos últimos, son también referencia no obligada a la hora de votar, además, porque la evaluación que se le hace a estos documentos no es técnica, ni veraz, no está –como debería- hecha por terceros -por una organización competente y neutral ajena a la Universidad-, por eso, la decisión del CSU es una mixtura, que termina siendo en últimas, una decisión política.

Por lo anterior, creo que el empate fue lo mejor para la institución.

Aclaro, cualquiera que hubiese quedado como rector, podría haber sido demandado, a Dagoberto, a Iturre, a Rivas, a Arlyn, y, a Ordóñez, por las razones que dejó el manto de dudas del proceso, me explico: se cambiaron los Estatutos poco antes de la designación, para ajustarlos a …¿?; se hizo campaña desde la rectoría y de una dirección de programa…¿?; no se entiende como en la designación del actual rector encargado, un candidato que cumplió en la anterior designación fallida, en ésta no, y dos candidatos que no cumplieron en la designación de rector encargado, luego si cumplieron, y el que supuestamente no cumplía, cumplió…¿?; por otra parte, no se colgaron en la página institucional a tiempo los PDI de los candidatos, se hizo la designación sin que la comunidad académica los conociera, etc., claro que cualquier proceso se puede demandar, incluso sin manto de dudas, sin embargo, estas contracturas menoscaban la institucionalidad.

De todos modos, considero obligatorio y necesario este proceso para la universidad, todo este costoso y doloroso desgaste, terminará enseñándonos.

Esto lo sabemos, solo quería escribirlo. 


Hernán Ordóñez Valverde
Docente Universidad del Pacífico

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