"Yo huelo a Buenaventura"
“Yo huelo a Buenaventura”
El que no
quiera olernos, que no nos huela
Cada ciudad tiene olor, una
característica única, también, cada ciudad tiene su sonido y otras cosas de su
propia personalidad, que son, su esencia.
Mi ciudad, Buga, olía a dulce de brevas,
a dulce de guayaba a manjarblanco, a cirios, a flores, de un tiempo para acá
huele a galpón de pollos, un siniestro olor a producción venció el olor a
jazmines…, sin más comentarios.
Venecia, la ciudad de mis sobrinas, en
1982 olía a caño de aguas residuales mezcladas con mar, pescado, mariscos y una
que otra botella flotando por los canales al lado de las románticas góndolas,
eso me sorprendió muchísimo, yo venía de la Venecia del cine europeo y Hollywood,
del cine de Pasolini, de Argenta, de Visconti, o de películas como “Muerte en
Venecia”, “El Viaje” o “Marco Polo”. La ciudad de Venecia no tiene olor en las
películas, o sí, es el “olor” a romance, a odio, a pasión –no voy a explicar a
que huele la pasión, es una mezcla de varios olores corporales de un macho y
una hembra- Venecia huele en el cine a amor, un olor celestial, etéreo y
exquisito…, que se desarrolla en el esplendoroso
y enigmático escenario de la antigua ciudad estado de Venecia, “olores” que,
sin embargo, no compagina con la realidad.
Mis hijos que estudian y trabajan en
Cali y Palmira huelen a Cali, y, Cali, me huele a smog, y no pregunten a que
huele la ciudad de Yumbo vecina de Cali, o, el corregimiento de Amaime vecino de
Palmira. Las cosas tienen olor, que es intrínseco a su ser, es característica
de su existencia, de su esencia.
Ahora hay una pelotera en Buenaventura
porque a la esposa de un alto funcionario portuario, éste, le olio a Buenaventura
y lo mandó a bañarse…, no es que el funcionario no se huela, es que uno se
acostumbra a su propio olor y no lo siente…, la señora sí, pues veo que no
tiene anosmia, aunque, lo que no sabe ésta, es que el olor a una ciudad no se
quita bañándose ni perfumándose, cuando uno vive o trabaja en cualquier ciudad
del mundo termina impregnado de su olor, que está en el aire que se respira, en
la comida que se come, en el agua que se bebe, en la interacción humana, que
está en los hoteles, en las casas, en los apartamentos, en los restaurantes, en
las calles, en la ciudad.
La tragedia no es que huelan a lo que
olemos, la tragedia es no tener olor, si no hay olor no hay carácter, no hay
personalidad, no se es de ningún lugar, no se completa el significado, no se
existe. Algo que vemos en Grenouille, el personaje principal de la novela de
Patrick Süskind no tenía olor y ese era su castigo, además, contradictoriamente,
tenía un sentido del olfato súper-desarrollado, que le permitió descubrir y
percibir el mundo, la novela “Das Parfun” –“El Perfume- la Historia de un
asesino”, Grenouille nace en el lugar más nauseabundo y putrefacto del Paris
del siglo XVIII, y emerge así, un monstruo inodoro, pasando su vida buscando
nuevos olores…, sobre todo, tratando de encontrar el suyo, en ese cruel proceso
aparece “la rana”, el asesino de muchachas vírgenes, rutina asesina con el
objeto de capturar su fragancia, el descreído Grenouille es entonces excomulgado
y condenado sin misericordia –si a alguien se le tiene miedo, es a aquel que no
tiene olor-, no obstante, desencantado
de su búsqueda y consiente de que no puede ser amado como una persona normal, a
los 28 años, derrama sobre su cabeza el frasco “del perfume” y es devorado en
su pueblo por una multitud de pordioseros y prostitutas que creen que es un “ángel”,
muere así un engendro sin alma, creyendo que el espíritu de los seres, es su
perfume.
Buenaventura no puede pasar invisible,
tiene carácter y personalidad, tiene olor..., Buenaventura huele a cocos, a
frutas, a papa china, a bananitos, huele a pescado, a mariscos, a sancocho de
ñato, a tapao, huele a negras, a negros, a mulatas y mulatos, a coloradas y
colora´os, a cholas y cholos, a indígenas y mestizos, huele a coreanos, a
chinos y a gringos, huele a white´sitos
–blanquitos-…, huele a madera, a chontaduro, huele a humedad, huele a riqueza y
a pobreza, huele a corrupción y violencia, huele a gente buena, a chancacas, huele
a desigualdad, a discriminación, huele a fronteras invisibles, huele a racismo,
huele a tormentas marinas, huele a lluvia, huele a mar…
Hernán
Ordóñez Valverde
Aunque tengo otra percepeción sobre el tema, que tiene, por su puesto un transfondo político. Me ha fascinado el estilo literario.
ResponderBorrarSí Jefferson, claro que hay trasfondo político. Gracias
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